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sábado, 20 de diciembre de 2008

Analogía de las baldosas

(Por favor quien lea esto que lo haga a poder ser en voz alta para ver si realmente tiene ritmo.)



Las baldosas ¡Ay! Las baldosas. Días negros que solo quieres mirar al suelo, ahí están las baldosas...

Mira.

En ese día negro que solo quería mirar al suelo, me lancé a la calle, sin levantar la mirada, ayer ya me estrellé comprobé que no existe ningún hada. Agaché la cabeza, me puse los cascos y mi conciencia empezó a funcionar dando tumbos hasta que ella apareció, me dió una idea que lo que pensaba ordenó, una analogía surgía de esta cabeza mía; mi cortex bribaba, latía, despertaba, reía y a los pocos minutos tradujo lo que sentía para que mi lógica entendiera lo que decía.

Analogía. Es esta.

Analogía de las baldosas que pisas al compás de tu centro de gravedad, la clave no conocía así que yo solo la tendría que encontrar. Las primeras eran planas, las siguientes con arrugas, las de después muy desgastadas y las últimas demacradas, viejas y destrozadas. Mientras andaba por las rotas mi confianza bajó hasta su altura.

¿Por qué? No sé.

Me perdía intentando descubrir que sería lo que me decían y entonces oí como mis neuronas crujían, sin la llave dí con la clave. Cambié de calle, baldosas nuevas no perfectas pero si muy cuidadas; muchos años llevaban allí colocadas y hasta ahora cuando pasaba nunca me fijaba. Este recorrido sobre baldosas lo había vivido antes, pero mis neuronas no debían de estar presentes.

Comencé a cavilar y la clave empecé a ver funcionar. Repasé las baldosas que acababa de pisar y lo ví claro, la analogía era con mi vida.


Las que pisé primero eran nuevas como yo de pequeño, antes de los 14 años, donde la inocencia cubría lo que miraba, nada asustaba porque nada me atacaba, crecía y lo que antes no me hería, ahora me pegaba restando veranos a mi vida sana. Pasaron los años y algo se pudría, el alcohol ya me acompañaba y me acompañaría, privaba sin parar con tan solo quince y no pude resistirme a fumar a la misma edad. Esta precocidad, factura me tenía que pasar y mi cara fue la primera en dejarlo mostrar pero no está de más decir que no entendí lo que me iba a pasar. Las terceras mostraban el deterioro de forma muy clara, nunca habían sido oro pero en es día con mis pisadas casi las desmontaba. Tenía 18, no había olido un chocho, pero ya rasgué mi nariz con todos los tipos de polvos que a mi alcance ví. Pasaba el tiempo y yo caía, los porros, espid, coca, ácidos, maría, corrompían mi naturaleza y me dejarían sin memoria. La paranoía abrumaba mi imaginación y me dejaba el coco seco como si fuera Belloch. No confiaba, si salía, no amaba, si bebía, no estudiaba, me metía y fumaba y me enfrentaba a la policía, algo que hago todavía. Luego llegó el día, no podría ser de otra manera, en que algo en mi cabeza me dijo que ya no seguiría.

Estábamos en el C.B. como siempre, teníamos espid, como simpre, fumábamos polen, como siempre y como otras veces cogimos ácido y lo tomamos todo. Lo anterior mezclao con alcohol produjo en mi interior tal explosión que recordando los simpson, los ví a todos como si fueran demonios. Me habían hablado de los malos viajes y esta vez, cogí billete de primaria clase; y así me quedé yo como las baldosas demacradas y con una depresión.

Todo lo anterior vino acompañado con dejar abandonados a mis colegas de verdad por unos gilipollas que solo me aportaban mierda. Pero salí sabiendo como me perdí; drogas y porque me importaba lo que otros pensaran de mi. Así que después de sonreir a la paranoia y la depresión me puse unas máximas, que me devolvieran la alegría y la imaginación.

"Que importa lo que piensen de mí, mientras yo siga feliz". Volví con los míos y dejé atrás lo que no quería.

Volvemos al principio, encima de las baldosas restauradas y bien tratadas, estoy de pie allí pensando... quién me empuja, quién me mueve... ¡Coño! es alguién que se ríe. Normal llevo cavilando diez minutos ahí parado. Descubierta la analogía ya nada me retenía, continué el camino pasando de que se reía; no me ha importado, yo también me reiría. Llego a clase, alguién intenta enseñarme pero mi cabeza solo imagina como escribiría esta rara analogía.

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